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5º misterio de dolor: Jesús muere en la Cruz.

Mt 27,50; Mc 15,37; Lc 23,46-49; Jn 19,30.

Con la muerte de Jesús se completa su ciclo vital como ser humano, morir es condición inseparable de todo lo que vive. Con su muerte se ha cumplido la Escritura, cumplido en sus dos acepciones: que lo anunciado es verdad y que se ha completado. La muerte es solo un proceso biológico, uno más, inseparable de la concepción y nacimiento, es difícil, muy difícil de establecer, aún hoy se sigue debatiendo sobre su definición, sobre en qué momento se deja de estar vivo y se comienza a ser muerto. Durante mucho tiempo se uso una definición sencilla “la ausencia de signos positivos de vida y presencia de signos positivos de muerte”.

No sabemos en qué momento murió Jesús. Estaba vivo y pidiéndole al Padre “perdónalos, porque no saben lo que hacen”(Lucas 23, 34), ofreciéndole al malhechor la Gracia “En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23, 43), ocupándose de su madre, en lo terrenal encomendándole a Juan su cuidado, ocupándose de Juan al no dejarlo “huérfano”, ocupándose de nosotros que somos a una vez María y Juan (Juan 19, 26-28); María es la Iglesia, Juan somos cada uno de nosotros. Solos somos Juan (el discípulo amado), juntos María (engendrando a Jesús en espíritu).

Jesús muere en algún momento entre las tres de la tarde (nona) y las seis (duodécima) en ese corto período se producen dos momentos de intensísima relación con el Padre. Su oración personal “Eloí, Eloí, lemá sabactaní” (Marcos 15, 34), son las primeras palabras del Salmo 22, es el Salmo de quien se siente solo y abandonado, de quien no entiende la causa de tanto sufrimiento, con las palabras “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23, 46) da continuidad al salterio, estas palabras son la síntesis del Salmo 23 “el Señor es mi pastor…”. El segundo momento es el inicio de la Nueva Alianza, el Nuevo Pacto, el Testamento que nos hace sus herederos, Jesús lo ratifica con sus palabras “esta cumplido”, se ha cumplido la Antigua Alianza, el antiguo contrato, el acuerdo entre Dios y los hombres de “seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”.

Con su nacimiento y muerte Jesús ha iniciado una nueva relación entre Dios y la humanidad, la relación de Padre e hijos, de familia, de la misma carne y la misma sangre, del mismo Espíritu. No lo matan, entrega su espíritu. Es la victima voluntaria, es amando y por amor, es perdonando y mediando ante el Padre, para nuestro perdón, como muere.
El velo del templo se rasgó, las tinieblas, los terremotos, todo esto carece de importancia en comparación con la conversión del centurión “verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mateo, 27, 54; Marcos 15, 39) “realmente, este hombre era justo” (Lucas 23, 47). Lo primero es fiel reflejo de lo que esperamos todos de Dios, signos visibles, ruido, efectos teatrales, voces de lo alto, apariciones, milagros, algo que nos confirme la presencia de Dios. El centurión ve a Cristo, solo a ese hombre justo; justo en el amplio sentido de la palabra, no al juez, no al justiciero, no al que enumera defectos y pecados, no al que amenaza con el fuego eterno, no al que echa en cara los defectos, no al que dice una cosa y hace la contraria. El centurión sólo ve al hombre que justifica, que perdona, que derrama amor por todas sus heridas, que pone paz donde sólo hay odio, que muere orando y practicando la misericordia. Con la lanzada que certifica su muerte se abre el manantial de la Vida. Estamos acostumbrados a ver las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, los recientes retratos de La Divina Misericordia, amables y de agradables colores, pero deberíamos mirar más a Cristo crucificado, muerto y sepultado, autentica expresión del Amor infinito de su Corazón, la Divina Misericordia hecha carne mortal en todo ser semejante a los mortales (*)

“Descendió a los infiernos”. No se termina la muerte en la Cruz. Cristo a muerto, aún no ha resucitado, “al tercer día” habrá terminado su muerte y nos debemos preguntar ¿hasta ese momento qué?. En la Liturgia de las Horas, el Oficio de Lecturas tiene como segunda lectura un antiguo sermón, cada Sábado Santo, en el gran silencio de la espera, se lee:

¿Qué es lo que hoy sucede?  Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad.  Un gran silencio, porque el Rey duerme.  La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo.  Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida.  Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.  Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos.  Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos.»  Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu.»  Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: “iluminaos”, y a los que duermen: “Levantaos.”
A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos.  Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza.  Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte el peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva.  Mi costado ha curado el dolor del tuyo.  Mi sueño te saca del sueño del abismo.  Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí.  El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste.  Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti.  Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

(*) Nota: del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, emitido por Decreto de la Sagrada Congregacion para el Culto Divino y disciplina de los Sacramentos a instancia de SS. Juan Pablo II. 

D. Francisco Castillo Álvarez
Dominicos Seglares de Candelaria


4º misterio de Dolor: Jesús camino del Calvario.

Mateo 27, 31-34; Marcos 15, 20-23; Lucas23, 26-32; Juan 19, 17. Los cuatro evangelios narran el camino hacia el Calvario. Estamos acostumbrados a ver esta escena en la quietud de los templos, en la noche durante las procesiones de Semana Santa, en las estampas o las ilustraciones de los libros. Todos estos recordatorios están mucho y profundamente incompletos. Pongamos que estamos aquel día en Jerusalén y somos testigos presenciales, así tendremos una visión real del gran drama:

Las calles inundadas de gente, no se puede dar un paso. Es por la mañana, la luz del sol ciega los ojos reverberando contra las piedras rojizas de la ciudad, contra los encalados de las fachadas. El polvo dificulta la respiración, las calles no se han podido limpiar por los días de la fiesta, muchos tramos apestan a orines y excrementos de los animales. El olor al sudor del gentío y las conversaciones en voz alta, cuando no a gritos. Hay agitación, por la ciudad corren rumores de rebelión, los soldados romanos tratan con rudeza siempre, estos días son brutales. Hoy hay ejecuciones, unos las detestan, otros las disfrutan, otros son familia de los ajusticiados. Calor, empujones, polvo, mal olor, la ciudad Santa parece cualquier cosa menos eso:

Por la puerta del Pretorio salen los reos de muerte, salen los que van a ser ajusticiados. La cohorte romana emprende a empujones con la gente, para que dejen salir la “procesión”. Es costumbre ir azotando a los reos durante el camino, aumenta la lección y advertencia que se da a todos con estas ejecuciones. Los expertos en historia romana aseguran que no cargaban con la cruz entera, como solemos ver en las imágenes, el stipes, el madero vertical, permanecía clavado en el suelo, estaría colocado en el Gólgota, los reos cargaban con el patibulum, el travesaño horizontal.



Jesús está agotado, la tensión de los días anteriores, el ayuno, la flagelación, la coronación de espinas, la deshidratación, no ha dormido, etc. Todo ello, le ha producido graves lesiones internas y externas, una gran pérdida de sangre y un dolor atroz. Prácticamente no puede caminar, le empujan, pero está al borde del colapso, casi ha entrado en shock. Temen que no pueda llegar hasta el Calvario y se les muera en el camino, con ello se perdería el espectáculo de la muerte que dan a los ajusticiados. Los soldados echan mano de uno que pasa por allí, un tal Simón, que es de Cirene, una colonia romana del norte de África, en la actual Libia, y lo fuerzan a que cargue con la cruz. Durante el largo recorrido hacia el Gólgota, Cristo se encuentra con las mujeres, con “las hijas de Jerusalén”. Los personajes que aparecen en este recorrido dan toda la dimensión de la humanidad, son parte importante de la gran lección que Cristo nos regala en este trance: el dolor compartido, la misericordia, la compasión y, sobre todo, el don de la Fe.





Simón de Cirene y sus hijos, Alejandro y Rufo, pasan a la historia bíblica  y universal por este acto, la ayuda que Simón presta a Jesús. Simón participa del dolor de Cristo, de la carga de su cruz. No se ha presentado voluntario, es forzado, le obligan, pero él lo transforma en aprendizaje, Simón acepta a Cristo en una situación de esas ante las cuales solemos decir “y a mi por qué”, por que el dolor, la desgracia, la enfermedad, etc., Simón, el Cireneo, entiende a Cristo al compartir parte de su sufrimiento. Esa aceptación transforma la vida de su familia; su mujer y sus dos hijos serán muy conocidos en la comunidad cristiana (Romanos 16, 13; 2 Juan 1,1).


Las Hijas de Jerusalén, las mujeres que se condolieron de Cristo camino del Calvario, no sabemos con certeza quienes eran. Ya en el Cantar de los Cantares (1,5; 2,7; 3,5) se utiliza esta expresión. Puede que fueran las mujeres piadosas que lloraban por los enfermos, moribundos y difuntos que carecían de alguien que los llorase de verdad. Puede que fueran algún tipo de fraternidad o de asociación religiosa dedicada a la piedad y el consuelo.


También es posible que solo fueran mujeres llorando una injusticia y emocionadas por tanto sufrimiento, o simplemente plañideras. Sea como fuere, las palabras que les dedica Cristo son para todos nosotros un aviso “no lloréis por mi, llorad por vosotras y por vuestros hijos….”.

En Simón tenemos un ejemplo de aceptación, que no es resignación, y como se puede transformar la adversidad en un milagro de Fe. En las Hijas de Jerusalén una llamada a la misericordia auténtica, a sentir el dolor ajeno como propio y ver que en cada injusticia cometida también nosotros estamos siendo víctimas, y lo podemos ser en el futuro.

El camino al Calvario es “la alfombra roja” de la Misericordia, Cristo la recorre para que nosotros también podamos recibir el gran premio, la Corona de la Vida.

D. Francisco Castillo Álvarez, o.p.
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA
Segundo Misterio Doloroso
Los azotes que padeció el Señor atado a la columna Jn. 18-28
Amanecía, llevaron a Jesús desde la casa de Caifás al tribunal del gobernador, los judíos no entraron porque ese contacto con los paganos los hubiera hecho impuros, pidiéndoles celebrar la Pascua. Pilatos entonces salió a ellos y les preguntó. ¿De que acusan a este hombre?
Le contestaron: “Si no fuera un malhechor les dijo, no lo habríamos traído ante ti”, Pilatos les dijo: “ Llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos contestaron: “No tenemos autorización para aplicar pena de muerte”, con esto se cumplió la palabra que había dicho Jesús, sobre la manera como iba a morir”. Pilatos volvió a entrar en el tribunal, llamó a Jesús y le preguntó, ¿Eres tu el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Acaso soy judío yo? tu nación y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mi, ¿Qué has hecho? Jesús contestó: “Mi reino no es de este mundo, si yo fuera rey como los de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en mano de los judíos, pero mi reino no es de acá”.
Pilatos le preguntó: Entonces ¿Tú eres rey?
Jesús contestó:”tú lo has dicho, yo soy rey, para esto nací, para esto vine al mundo para ser testigo de la verdad, todo hombre que está de parte de la verdad escucha mi voz”.
Pilatos le dijo: ¿Qué es la verdad?, y luego salió de nuevo donde estaban los judíos les dijo: “No encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. Como es costumbre en la pascua, voy a dejar libre a un reo, ¿quieren que les suelte al rey de los judíos?, “los judíos se pusieron a gritar, a ese no, suelta mejor a Barrabás”. Barrabás era un bandido, entonces Pilatos ordenó que tomaran a Jesús y lo azotaran.   Palabra de Dios.
El hecho de azotar según la ley romana era muestra de crueldad, pues, debido a la pérdida de sangre y agotado por los latigazos el condenado no tardaba en morir en la cruz, acordándose así de su agonía. El condenado suspendido de los brazos se asfixia, para poder respirar necesita apoyarse en los pies y en los brazos suavizando con eso el dolor insoportable del clavo fijado en medio de los pies y de la muñeca, cuando ya no tiene fuerzas para hacer este esfuerzo muere asfixiado.
Los azotes que recibió Jesús son signos de la negación del reino de Dios, del poder que el fuerte ejerce sobre el débil, cuando policías y soldados ya no reconocen en ellos a hombres libres y hermanos suyos con los mismos derechos.
“No piensen que yo vine a traer la paz”, esto lo dijo Jesús en circunstancias sumamente difíciles, púes su nación vivía bajo la ley del ocupante romano, y cualquier mensaje liberador sabía a su versión.
Seguramente sobraban motivos para odiarlo, pero el Evangelio deja constancia de que las acusaciones se concentraron sobre el punto esencial de su enseñanza, condenaron a Jesús porque pretendía un rango divino. El Cristo, el Hijo de Dios, el que se sentará a la derecha de Dios porque en realidad ha nacido de Dios. En ese entonces los jefes de los sacerdotes eran miembros de familias pudientes que peleaban por el puesto, debido a que aprovechaban el dinero del templo y fueron los que entregaron a Jesús por envidia, con el apoyo del pueblo, juzgado por ellos mismos, pueblo que llevaba a sus enfermos para que fueran sanados, que lo siguió sin importarles el hambre, que lo vitoreó a su entrada a Jerusalén, y que finalmente también le dio la espalda. Esta imagen es tan actual a pesar del tiempo transcurrido, nos recuerda a nosotros mismos: mientras que nuestra vida es cómoda, estamos en paz con Dios, pero cuando necesitamos algo y no se nos concede como queremos nosotros, nos volvemos contra él, sin pensar en lo que dijo Jesús, ¿Qué padre le daría a su hijo una piedra si le pidiera un pan?Este pase nos revela el amor del padre por nosotros sus hijos, pidiéndonos siempre fe y confianza en Éll en toda circunstancias de nuestra vida.
Jesús conoció así la traición, el abandono, la ingratitud, la burla, torturas, malos tratos, soledad, sentimientos y acciones muy de este mundo que quiso compartir en nosotros, colocándose al nivel de todos los despreciados de todos los tiempos, los que están sufriendo ante la indiferencia de muchos y la valentía de pocos que se atreven a levantar a los marginados, como lo hizo Cristo, a probarnos verdades incómodas, como lo hizo Cristo, como los que se niegan a inclinarse ante los ricos y poderosos, como lo hizo Cristo, estas maneras de actuar, serán interpretadas en forma política por aquellos que tienen criterios políticos, pero serán interpretadas como gestos de fe por aquellos que viven su fe.
Así pues, el proceso de condenación a muerte de Jesús no es muy diferente de la de nuestros militantes y mártires cristianos. El sólo hecho de relacionarse, de preferencia con los pobres y de educar a la gente del pueblo, para hacer de ellos personas libres y responsables, no constituye un delito en ningún país. Sin embargo, en todos los tiempos ha sido un motivo suficiente para atraer persecuciones, como sucedió en el tiempo en que Jesús predicaba la construcción de un nuevo reino, en cualquier lugar aprovechando cualquier oportunidad, hasta el sacrificio de sí mismo que llevó a la crucifixión por obediencia al Padre y por amor a su creación, nosotros los hombres. Ante esta entrega total, Señor no nos queda más que poner nuestra vida en tus manos, que los azotes y torturas que recibiste no caigan en el olvido, que siempre estén presentes en nuestras vidas, como signo de tu amor hacia nosotros, sin olvidarnos que Tú sigues presente aquí y ahora, en cada uno de nuestros hermanos y que cada cosa que hagamos por ellos y a ellos, lo estamos haciendo también por ti y a ti.

  

 Dª MARIELA HORNA BAGLIETO.
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA  
 CRUZAR EL BARRANCO SIN ROMPERME LOS HUESOS
PRIMER MISTERIO DE DOLOR:.
La Oración en el Huerto de los Olivos
La Oración en el Huerto la relatan Mateo 26,36-46; Marcos 14, 32-34; Lucas 22, 40-46; Juan 14, 30ss. Para su comprensión bíblica leer Hebreos 5, 7-10; Jeremías 15, 15-18 y 20, 7-9; Éxodo 32, 30-34; Números 11, 11-15.
Está terminando el Seder, la cena ritual del Pesaj, la Pascua, con la cuarta copa de vino, la Hallel, se han cantado los salmos desde el 113 al 118 “Alabad, siervos del Señor / alabad el nombre del Señor / Bendito sea el nombre del Señor….”. Esta cuarta copa, la de la Adoración(es lo que significa Hallel) es la última que se bebe durante la cena. Hay una mas, la que se coloca en el centro de la mesa para que pueda beberla el profeta Elías cuando venga a anunciar la llegada del Mesías (Malaquías 3, 22-24.). En la tradición hebrea, un niño de la casa se levanta de la mesa y va hasta la puerta para abrirla, y ver si está Elías esperando para entrar y hacer el anuncio mesiánico.
No sabemos si había niños en la casa, hijos de la familia a la que pertenecía, en caso de no haberlos tendría que haber ido Juan, por ser el mas joven. En esta cena pascual, la Santa Cena, no hace falta que ninguno de la casa abra la puerta, no esperan al Mesías, ya esta aquí, y no entra, sale, de camino al monte de los Olivos, a orar en el huerto de olivos en el que está el Getsemaní, es decir, el molino de aceite, eso es lo que significa Getsemaní. Para llegar de Jerusalén al monte de los Olivos hay que atravesar el torrente de Cedrón. Es un riachuelo, sólo corre unos meses al año, cuando llueve mucho. La torrenteras de agua han ido excavando un profundo barranco, con algo más de ochocientos metros de profundidad. En las laderas, pedregosas y resecas, se han ido excavando miles de sepulcros desde que se comenzó la ciudad de Jerusalén.
El lugar parece elegido para darnos una catequesis de amor y dolor. Los evangelios citan muchos paseos y oraciones de Jesús en este monte. Ésta es especial, y el lugar también, junto al molino de aceite. El aceite de las olivas de este monte está destinado al Templo, se utiliza para la Menorah, para las otras lámparas del santuario, para las ofrendas, para la unción, para bendecir y sanar. La piedra del molino pasa sobre las olivas aplastándolas, sacando de ellas el aceite “como espesas gotas de sudor que caen al suelo”, no se deben romper los huesos de las olivas, el aceite virgen, el mejor y mas puro, no puede llevar mas que “el sudor” de la carne de la oliva, si entran parte de los huesos o de la semilla ya no es el mejor, el puro. El dolor y la tristeza pasan sobre Jesús como la piedra de molino, aplastándolo.
Ha hecho la oración pública, la litúrgica, cantando los Salmos del Hallel con los discípulos, ahora inicia la oración privada, personal, íntima. Ha buscado el áspero paisaje del monte de los olivos, reseco y pedregoso. Ha buscado la tranquilidad de la zona del Getsemaní. Se ha separado un poco de los discípulos, buscando la soledad para el encuentro de Dios. Hay plenilunio, siempre es luna llena durante el inicio de la Pascua, los olivos, retorcidos, como atormentados, están cubiertos de hojas verde-plateadas que brillan como clavos de acero. Su oración atruena, es un grito de silencio. Se arrodilla, se inclina hasta que su cara toca el suelo, adorando habla con Dios “Padre mío, si es posible, que pase de mi este cáliz” ¿de que cáliz esta hablando?
En la mente de Jesús esta el cáliz, el “Kilix”, la copa grande con asas en que los sacerdotes recogen sangre de los corderos sacrificados para aspergerla después sobre el Arca en el Templo. Es la sangre que limpia el pecado y reconcilia al hombre. Es el cáliz del dolor y del sufrimiento, es la sangre derramada ¿Qué pasa por su mente, que le dice al Padre?
Tal vez le diga que quiere una vida normal, su familia y amigos, que quiere ahorrar el dolor a su Madre y cuidarla como buen hijo, que sufrir no le gusta; que morir no es el problema, pero que la forma y la agonía son terribles. Yo no sé que más pudo decirle al Padre, sabemos que la oración termina diciendo “Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tu”. Los discípulos están dormidos, no están apoyándole en su sufrimiento, seguro que a todos nos suena ese tipo de flaqueza humana, Jesús esta más triste aún, pero se ocupa de ellos, de ayudarles “Velad y orad, para no caer en la tentación…”. De nuevo ora al Padre, de nuevo acepta: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”. Por segunda vez nos encuentra dormidos, por segunda vez nos alerta. Ora de nuevo, de nuevo dormidos, ahora se da cuenta, mas cuenta aún, de las razones por las que sufre y muere ¡!dormimos!!, somos incapaces de ayudarle en su obra, durmiendo no se establece el Reino. Con amargura y tristeza nos dice “ya podéis dormir y descansar…” Jesús, Cristo, ha asumido la incapacidad del hombre para amar y amarse, para entender la Gracia. Consu pasión y muerte se mostrará el amor infinito de Dios, por este amor la Resurrección, la Gracia. Los discípulos, aquellos y nosotros, estamos como los “habitantes” de los sepulcros, muertos o dormidos, dormidos como los muertos. Esperamos el Reino, esperamos la Resurrección, esperamos, esperamos, sólo esperamos.
En este Misterio de la Oración en el Huerto tenemos el llamamiento a ser las manos de Dios, los artífices de su Obra, los que “estando despiertos” establezcamos el Reino del Amor. También está la inestimable enseñanza sobre el dolor y el sufrimiento, son parte de la vida humana, son consubstanciales a la naturaleza física y emocional del ser humano, son parte del ser humano, como atravesar el Cedrón o quedarse en el, como aceptar la vida al completo con sus alegrías y su dolor, con las dudas y la esperanza. Lo que cada uno hacemos con esos momentos de nuestra vida, con las limitaciones de nuestra naturaleza física y espiritual, es lo que nos acerca a la felicidad o nos distancia de ella, lo que nos acerca a Dios, por nuestro amor o nos separa de Él, por nuestro desamor. Su amor es infinito, el nuestro es hasta donde le dejamos crecer, hasta donde y a quien decidimos darlo. El “hágase tu voluntad” del Padrenuestro y el “Fiat”, el “hágase en mi según tu palabra” de María, están íntimamente relacionados con este misterio.
D. FRANCISCO CASTILLO ÁLVAREZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA
5º MISTERIO GOZOSO: JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

“NO SOY PETER PAN”



Comprender lo que ocurría en el Templo durante la fiesta de Pesáj es crítico para asumir el Misterio de Jesús perdido y hallado en el Templo.

Todas las familias judías emprendían la peregrinación anual al Templo, cada una con parientes, criados, ganado, animales de carga, etc. Los cabeza de familia debían realizar el sacrificio, y toda la familia transmitir al cordero sacrificado sus pecados. Una vez degollado el animal se marcaba con su sangre a la familia, la lona de las tiendas, las puertas de sus casas, sus propiedades. Con esta señal quedaban purificados, es decir, la sangre del cordero los había limpiado.

El día 14 del mes de nisan comienza la Pascua(Pesáj) judía, esa noche, después de haber sido purificados en el Templo, lavados de toda falta y suciedad, se come el cordero sacrificado y los panes ácimos (sin levadura), esta cena se llama Seder, es el recuerdo de la liberación de Egipto, es la noche de la salida hacia la libertad y el encuentro con Dios. Es la misma fiesta que Jesús esta celebrando con los discípulos el día de inicio de la Pasión, es la Santa Cena.Los restos del cordero y del pan, si hubiese sobrado algo, se llevaban al Templo el día siguiente, el 15 de nisan, para ser quemados.

En esos días, el 14 y 15 de nisan, la explanada y los patios del Templo en Jerusalén, eran un hervidero de gente y, aunque el espacio de la explanada era muy amplio, unos 300 metros de ancho por 500 de largo, miles de personas los abarrotaban y junto a ellos los miles de corderos que habían de ser sacrificados. Imaginad la escena, con el gentío, los corderos balando, las oraciones de los degolladores, los que salían con los corderos muertos para empezar a asarlos en casa o en posadas o en el campo, los mercaderes vendiendo corderos a los que no tenían ganado propio o no lo habían traído de sus pueblos. Los soldados del Templo, los criados trayendo leña para los altares del sacrificio y agua para las purificaciones, etc. Todo ello formaba un alboroto increíble.

El día 16 de nisan las familias emprenden el regreso a sus hogares. Salen en largas caravanas, las mujeres por un lado, los hombres por otro. Pasa el primer día, al reunirse las familias para cenar y dormir María y José se preguntan el uno al otro:
.- ¿Dónde esta el niño? ¿Yo pensé que estaba contigo, con los hombres?
.- María, como siempre ha estado en el grupo de las mujeres, contigo, no le he echado de menos. Estará con algunos vecinos, o con los primos.

Al no encontrarle regresan a Jerusalén. Jesús ha cumplido 12 años, aunque para sus padres sigue siendo el niño para la Ley judía ya es un hombre. Este año ha estado con su padre en los ritos del Templo. Se ha cubierto la cabeza con el Talét, se ha puesto los Tefílin y ha acompañado a José en el sacrificio del cordero. Ya puede levantarse a leer en la sinagoga, ya es responsable de sus actos y de su fe. Cuando todo el mundo marcha del Templo hacia sus hogares Jerusalén queda como adormecida, en calma después de la tempestad. Durante la Pascuacasi no hay ritos en el Templo, es buena ocasión para que los sacerdotes, los rabinos, los maestros de la Ley, los masoretas, mantengan largas conversaciones sobre asuntos legales, de interpretación de los textos, de teología, etc., son la gran universidad judía, se reúnen con ocasión de la Pascua y aprovechan para hacer “concilio”.

Jesús se ha quedado en Jerusalén. Se ha quedado en el Templo. Está sentado en el gran círculo que forman los sabios, está oyéndoles y escuchándoles, les pregunta y le preguntan. Aprende de Dios, de cómo ven los hombres a Dios; de cómo cada ser humano, a la luz de su inteligencia ve facetas de Dios personales, propias de cada persona en su relación con lo Sagrado. También responde, le hacen preguntas y contesta a ellas, en esas respuestas está el Cristo que crece para habitar entre nosotros, no sólo en la carne, el Cristo que es Verbo, la Palabra que habita entre nosotros. Cristo nos hace preguntas constantemente y responde a las nuestras en esas mismas preguntas, como le responde a María y José. Para sus padres lleva tres días perdido, como estará tres días perdido en los infiernos después de su muerte. Los que están perdidos son José y María, el está donde tiene que estar. Los que estamos perdidos somos nosotros, si no estamos donde debemos estar.




Jesús no es Peter Pan, no se esconde de crecer y de asumir sus compromisos, su realidad y la nuestra, no busca una Campanita, no aplaza, está en las cosas del Padre.



FRANCISCO CASTILLO ALVAREZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA
4º MISTERIO DE GOZO
LA PRESENTACIÓN DEJESÚS EN EL TEMPLO
Esta escena representa el cumplimiento de José y María de la ley de Moisés “Todo varón primogénito, será consagrado al Señor”, y para ofrecer en sacrificio un cordero o un par de tórtolas, si son pobres. José y María obedecen fielmente la voluntad de Dios. Ellos ofrecieron un par de tórtolas por su pobreza, aunque realmente eran los portadores del verdadero cordero, que sería el encargado de redimir al mundo.
En el templo, José y María se encuentran con Simeón, hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel. Simeón estaba inspirado por el Espíritu Santo y le había revelado que no moriría sin haber conocido al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu Santo, fue al templo y se encontró con Jesús y sus padres, y tomándolo en sus brazos dijo: “Ahora Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz.”
Simeón ha aceptado y creído a Dios y sabía que ya podía morir en paz, al haber conocido a Jesús. También entra en esa escena la profetisa Ana, que desde su juventud, después de haber quedado viuda, no se aparta del templo, sirviendo a Dios día y noche en ayunos y oraciones.
Tanto Ana como Simeón fueron movidos por el Espíritu Santo para recibir a Jesús en el templo, y presentarlo y hablarles a todos, de que sería luz y salvación para el mundo, transmitiéndoselo también a su madre advirtiéndole del dolor tan grande que pasaría (como si una espada le atravesara el alma), por el sacrificio que su hijo iba a padecer.
Reflexión: Este relato me hace pensar y sentir, que tenemos que aceptar la voluntad de Dios, aunque tengamos que sacrificar o sufrir por algo, Jesús, sufrió mucho más por la salvación de nuestros pecados, y María también es un fiel reflejo de aceptación desde un principio, de la voluntad de Dios.
ROSA ARVELO MARTÍN
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA

3º MISTERIO GOZOSO   EL NACIMIENTO DE JESÚS

He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada en su lecho, con la cara vuelta hacia el Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho, el resplandor en torno de ella crecía por momentos, toda la naturaleza parecía sentir emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio, parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvían. Luego no vi más la bóveda.
Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la tierra y aparecieron con toda claridad seis coros de ángeles celestiales, la Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba la mirada sobre su Dios, de quien se había convertido en madre. El verbo eterno, débil niño, estaba acostado en el suelo delante de María.
  Vi a nuestro Señor bajo la forma de un pequeño niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mi mirada; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgenpermaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos.
Poco tiempo después vi al niño que se movía y lo oí llorar, en ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, lo tuvo en sus brazos, estrechándolo contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el niño bajo su amplio velo y creo que le dio el pecho. Vi entonces en torno a los ángeles, en forma humana, hincándose delante del niño recién nacido, para adorarlo. Cuando habría transcurrido una hora desde el nacimiento del niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra, se acercó, prosternándose, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretara contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al niño entre sus brazos y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el don recibido del cielo. María fajó al niño: tenía sólo cuatro pañales, más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto con el otro, no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. “¡ Ah decía yo este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!”
He visto que pusieron al niño en el pesebre, arreglado por José con pajas, lindas plantas y una colcha encima. El pesebre estaba sobre la gamella cavada en la roca, a la derecha de la entrada de la gruta, que se ensanchaba allí hacia el mediodía. Cuando colocaron al niño en el pesebre, permanecieron los dos a ambos lados, derramando lágrimas de alegría y entonando cánticos de alabanza. José llevó el asiento y el lecho de reposo de María junto al pesebre, yo veía a la Virgen, antes y después del nacimiento de Jesús, arropada en un vestido blanco, que la envolvía por entero. Pude verla allí durante los primeros días sentada, arrodillada, de pie, recostada o durmiendo, pero nunca la vi enferma, ni fatigada.
LUCIA  GONZÁLEZ DÍAZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA
SEGUNDO MISTERIO DE GOZO:

María visita a su prima Isabel.
Al enterarse María que su prima la necesitaba, enseguida se puso en camino, sin pensar en la distancia que las separaba, y más aún, en el estado en que se encontraba. Sólo pensaba en la alegría que le iba a dar a su prima.
Este misterio, nos hace pensar en el amor que María tenía hacia los demás y que nosotros deberíamos de seguir su ejemplo, pues ella no pensaba en sí misma sino en la alegría que iba a darle a su prima. Ese amor desinteresado que todos deberíamos sentir unos por otros, sin esperar nada a cambio. María sabía que en aquella casa la necesitaban, y para ella no contaba nada más.
Al oír Isabel el saludo de María, el niño saltó en su vientre y se llenó del Espíritu Santo. Y dijo Isabel “Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”. ¿Por qué ha venido a mí la madre de mi Señor?
Debemos pensar que ese ejemplo de María podríamos trasladarlo a nuestro tiempo, esa gran prueba de amor hacia nuestros familiares y amigos, a cualquier persona que nos necesite e ir a su encuentro y en su ayuda.
Visitar a esos hermanos enfermos, acompañándoles, dándoles una gran alegría con nuestra visita, haciendo una obra de misericordia y caridad a nuestros semejantes, y así dar ejemplo a otros. También debemos meditar sobre lo que dijo Isabel a María, “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” repetida al rezar el Santo Rosario, y que muchas veces la repetimos sin pensar realmente en su significado y sin darnos cuenta del verdadero mensaje que nos da. Ocho días más tarde de la marcha de María, Isabel dio a luz a su hijo, al que puso por nombre Juan, al que más tarde llamarían Juan el Bautista, ya que bautizó a Jesús en el Jordán. Demos ejemplo todos de este gran Amor de María hacia los demás. 

 NOELIA PÉREZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA
PRIMER MISTERIO GOZOSO
LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS.
EL ANUNCIO DE QUE MARÍA SERÁ LA MADRE DEJESÚS:
En tiempo del Rey Herodes, Dios envió al sexto mes, al Ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, para anunciarle a una joven de nombre María, prometida de un hombre llamado José de la familia de David. El ángel le dijo: Alégrate, tú  la amada y favorecida, llena de gracia, el Señor está contigo. Estas palabras le asustaron y se preguntaba que quería decir ese saludo. El ángel le dice: no temas María porque has hallado gracia delante de Dios, vas a quedar embarazada y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús. El será grande entre los hombres y será llamado Hijo del Altísimo, Dios le dará el trono de David su antepasado. Gobernará por siempre al pueblo de Jacob por los siglos de los siglos, y su reino no tendrá fin. María respondió al ángel, ¿Como será eso, puesto que no conozco varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso, el que va a nacer será Santo, y será llamado Hijo de Dios.
Isabel tu pariente ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, “porque ninguna cosa es imposible para Dios”, dijo María: “He aquí la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra”, y el ángel se fue.
José al enterarse que María estaba embarazada, no quería ponerla en evidencia y la repudiaba en silencio. El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José hijo de David, no temas en tomar a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo, dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados. Despertado José de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su mujer, dio a luz un hijo y le puso por nombre Jesús.
Todo eso sucedió para demostrar su cumplimiento de la palabra de Dios. Desposada con José, María es todavía virgen y es posible que quiso seguir siéndolo. Hoy comienza nuestra salvación que se nos revela el misterio eterno. El hijo de Dios se hace hijo de la Virgen, por eso nosotros aclamamos con él a la madre del Señor.
“DIOS SE SALVE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”
Reflexión: sepamos aceptar la voluntad de Dios, aunque no la entendamos, como aceptó María.
ISABEL HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA